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En un bar, amanece y fuera llueve, dos taxistas dialogan entre cafés y cigarrillos, antes de iniciar la jornada diaria. Hay mucha gente porque es de esos bares que se llenan cuando no hay nada abierto, ya o aún, y unos acaban de levantarse y otros no se han acostado. Tipo Ocean, en Zaragoza.

- ¿Pero en qué ha quedado lo de que se puedan casar los tíos ahora que ha ganado el soe?¿Es constitucional para siempre ya?
- Joder, Marcos, los tíos siempre nos hemos podido casar-le vacila socarrón, el otro taxista.
- No digo los tíooos, los tíosssss no digo. Digo los hombres, coño, casarse los hombres.
- Los hombres también han podido casarse siempre.

El taxista mira a la gente y alguno le ríe la gracia de joder a su amigo.

- Claro que los hombres han podido casarse siempre, joder que sí. Yo estoy casado, tú estás casado, hasta Tarzán se casó. Digo entre hombres. Los mariconesss, para que me entiendas. Que no quería gritar aquí en el bar, que siempre me buscas las cosquillas, que yo no quiero faltar al respeto de ningún maricón, sólo quiero preguntar y que se me responda. SABERRRRR, COÑO, QUÉ HA PASADO CON ESO.
- Pues los maricones pueden casarse y al paso que vamos eso se queda así para siempre.

Éste, que es un cachondo, se queda mirando a su compañero y le dice:
- Los únicos hombres que no pueden casarse en España, ahora mismo, son los curas.
- No te jode, pues sólo faltaría que ahora los curas pudieran casarse.
- Pues Marcos, que sepas dicen que se casan con Jesús.
- ¿Y qué van a hacer los curas ahora, hacerse maricones?

Tomado del blog de Sergio Algora, de La Costa Brava. Recuerdo cuando falleció y no tenía un sonido asociado a su nombre. Hoy lo extraño.

Hay una mujer. Me odia. Le huele la boca. Distintos olores salen de su boca. Pueden dividirse en dos grupos, los siguientes: si ha comido y si no ha comido. La identificación de los primeros es una ciencia alegre, aunque sin ningún interés. Coliflor. Repollo con carne. Además, los casos más obvios: cebolla, ajo. Sin embargo, los puerros de la ensalada suponen ya una mayor delicadez de espíritu. Y como se trata de una mujer aseada, todo lo anterior aparece velado por el olor de la pasta dentrífica y, a menudo, del licor antiséptico bucal.

Si no ha comido, entonces la cosa se pone más eria, entonces no existe el ayer ni el atardecer -sólo es alguien si ha comido-, entonces no existe nada: no existe el tiempo, no existe la causa ni el efecto, no existe pues, la lógica, no existe la Historia, no existe la memoria (y por consiguiente no existe la moral), ni tampoco existe la sociedad, por no hablar del país, de la patria, de la nación, tan sólo existe una persona (la conozco, por eso la llamo así) que irradia la impersonalidad: ese hedor cálido a putrefacción.

No, no es un hedor, es algo menos, y por lo tanto más temible. Es un ligero mal olor. Leve e insustancial, apenas perceptible, si no me gustara por encima de todas las cosas besarla, ni siquiera me daría cuenta de ello. Si no me azotara un deseo constante, insaciable, hacia sus labios, no me enteraría de esa figura de la creación, de esa herida, de esa terrible infamia. La mujer entera es como una ligera brisa que llega desde la fábrica de colas y pegamentos. Lo más insoportable es la ternura. Si le cubro la cara de minúsculos besos rápidos, si le doy besitos en los ojos, en los párpados, en las cejas, en la nariz, en las orejas, en la mejilla, en la nuca, y claro, en los labios, en la boca, todo se vuelve terrorífico, y llego a unas cimas tan abruptas del asco que me mareo. Por el contrario, cuando más salvaje e insensible y brutal me muestro -asaltándola sin más, como un animal, mordiendo sus labios como si me los quisiera zampar enteros, a dentelladas, moviendo la lengua como si se tratase de un ser vivo, sintiendo en la boca el sabor a sangre-, menos me acuerdo de la fábrica de colas y pengamentos que, según se comenta, acaban de privatizar, de vender por cuatro monedas.

Así que, si la veo en un terreno propicio para los besos -y hoy en día apenas existe ningún lugar que esté bajo la veda del decoro individual o colectivo, de la moral o de la beatería-, entonces me pongo inmediatamente a correr hacia ella, como un personaje de los dibujos animados, acelerando el paso con locura, y ¡hala!, corro hasta alcanzarla, hasta chocar contra ella, sin detenerme, porque sé que si me detuviera, entonces me invadiría un sentimiento de vacío viciado, de ausencia apestosa de nada nauseabundo, soplo soporífero que me provocaría vómitos como ha sucedido en más de una ocasión, mezclándoze mis mocos con mis babas -otra forma de unión.

Ella sabe todo esto, así que me odia. Es un sentimiento reconfortante. Es verdad que me interpreta mal, se cree que lo hago por generosidad, así que me odia. No es por eso, sino porque me vuelvo loco por ella; si cierro los ojos, sólo la veo a ella, si abro los ojos, hago todo lo que sea para verla. Cuando se dé cuenta de ello, ella también me amará. Pero eso no importa, sólo importa que pueda verla.

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Fragmento de Una mujer de Péter Esterházy. México: Alfaguara, 2000. p.15-17.. Revisitando correos viejos a C.

Hearing your whole life that your dad got killed in war before you could know him is pretty good incentive for self-preservation. As Ray asserts, avoiding the draft was a moot point in his case because he was classified 4-A, as the sole surviving son of a servicemember killed in action. As long as war was not officially declared, Ray was safe. Further, the draft was implemented for men ages 18 to 26, and he was at University of Illinois until 1973, the year he turned 28. That would have allowed for a student deferment even if war had been declared. As I said earlier, Ray moved to Canada in the midst of the Vietnam War (1973) and has remained, even after all the drama about the U.S. draft was resolved. This is well-documented and is not a misrepresentation. I’ll discuss more details on all this when I profile Zucker one of these days.

What Ray fails to address is the real misrepresentation here, the elephant in the room, and my original point: not the 4-A classification, but the 4-F classification. 4-F was the designation used to declare gay men “unfit” for military service (Dode 2004). In other words, 4-A was pretty much the best reason to be exempt; 4-F was pretty much the worst reason to be exempt. While Ray was never classified 4-F because of his superseding exemption, had he been drafted, there was a very real possibility that he would have been rejected outright or dishonorably discharged for being gay, had he made it through the screening process. As of late 2009, the US military still has this as official policy. His father’s military service stands as the height of honor and the ultimate sacrifice, yet Ray might have been denied outright as “unfit,” or if he got in, he might have been discharged at the hands of military psychiatrists, the ultimate dishonor.

The best way to understand Ray Blanchard as a human is to consider the mindset of gay priests. Good Catholic boys who thought girls were icky often saw the priesthood as the Catholic version of 4-A instead of the Catholic version of 4-F. Priesthood is the most honorable reason not to have a family. Being a sodomite was the most “unfit” reason.

Un perfil viperino de Ray Blanchard del Centre for Addiction and Mental Health (CAMH), donde según Boing Boing se dedican a etiquetar todo lo que no es “normal” en el sexo y preferencias sexuales como “parafilia”.

  • Wet Gaping Holes Where My Life Used to Be
  • Girls Who Like Girls and Hate You
  • Do Me Doggy-Style (So I Don’t Have to Look at You)
  • Wild Asian MILFs Who Are Just Being Polite
  • Debbie Does Duloxetine
  • Naughty Housewives (Including Yours, Loser)

– Por Carmen Nobel, visto en McSweeney’s.

abrazame

yo no lo sabía hasta que lo dijiste

img de julia gfrorer | visto en sex in art
y luego spend la noche mp3