Archives for category: science

Del mismo modo que no tengo la impresión de que un progreso social significativo en los nuevos Estados sea imposible, tampoco la tengo de que el contacto humano genuino a través de las barreras culturales sea imposible. Si no hubiera visto una cierta cantidad de lo primero y experimentado, aquí y allá, en cierta medida lo segundo, mi trabajo me hubiera resultado insoportable. Lo que estoy señalando, en ambos casos, es una enorme presión tanto en el investigador como en sus sujetos, para considerar estas metas como cercanas cuando de hecho están lejos, como seguras cuando no son más que deseadas y como cumplidas cuando, como mucho, sólo nos hemos aproximado. Esta presión nace de la asimetría moral inherente a la situación del trabajo de campo. Por ello no es del todo evitable, sino que es parte del carácter éticamente ambiguo de esa situación como tal. De una manera en absoluto adventicia, la relación entre un antropólogo y su informante descansa sobre un conjunto de ficciones parciales reconocidas sólo a medias.

Mientras sigan siendo no más que ficciones parciales (y así, también verdades parciales) y reconocidas sólo a medias (esto es, también medio oscurecidas), la relación progresa suficientemente bien. El antropólogo se mantiene por el valor científico de los datos que consigue y acaso por un cierto alivio al descubrir que, después de todo, su tarea no es por completo semejante a la de Sísifo. En cuanto al informante, su interés se mantiene vivo gracias a toda una serie de conquistas secundarias; la sensación de ser un colaborador esencial en una empresa importante aunque apenas comprendida; el orgullo de su propia cultura y de su conocimiento experto de la misma; la oportunidad de expresar ideas y opiniones personales (y de contar chismes) a un oyente neutral y externo; así como, de nuevo, una cierta cantidad de beneficios materiales directos e indirectos de uno u otro tipo. Y así sucesivamente —las recompensas son diferentes para prácticamente cada uno de los informantes—. Pero si el acuerdo implícito en considerarse, a pesar de la evidencia que aportan algunos indicios muy serios en sentido contrario, como miembros del mismo universo cultural se viene abajo, ninguno de estos incentivos fácticos puede prolongar la relación durante mucho tiempo. La relación, o bien se va apagando gradualmente en una atmósfera de futilidad, aburrimiento y decepción generalizada o, con mucha menor frecuencia, se colapsa de repente en una recíproca sensación de haber sido engañado, utilizado y rechazado. Cuando esto ocurre, el antropólogo ve una pérdida de la «compenetración»: le han dado calabazas. Por su parte, el informante ve una revelación de mala fe: ha sido humillado. Y ellos se quedan callados de nuevo en sus mundos separados, internamente coherentes, incomunicados.

– Geertz Clifford, “Los Usos De La Diversidad”.

An eight-year study of 218 couples found 90 percent experienced a decrease in marital satisfaction once the first child was born.

“Couples who do not have children also show diminished marital quality over time,” says Scott Stanley, research professor of psychology at University of Denver. “However, having a baby accelerates the deterioration, especially seen during periods of adjustment right after the birth of a child.”

– Moraleja: Si te casas, rápido o lento, todo se irá al carajo. Visto en el blog Pure pedantry.

One day some friends of mine and I had smoked some heavy doobies, and we had stayed up pretty late. The birds had started to sing their morning songs, and we all started to realize that the bird’s calls sounded like some kind of post-rock or electronic music. We were so high we thought the birds were singing Kraftwerk.

– Un comentario sonso a un post de Boing Boing acerca de “la biología de la música” y de cómo lo que escuchamos se parece a lo que decimos.

Numbers as realities misbehave. However, there is an ancient and innate sense in people that numbers ought not to misbehave. There is something clean and pure in the abstract notion of number, removed from counting beads, dialects, or clouds; and there ought to be a way of talking numbers without always having the silliness of reality come in and intrude.

(…)

Are numbers really as free as birds? Do they suffer as much from being crystallized into a rule-obeying system? Is there a magical transition region between numbers in reality and numbes on paper?

– Douglas F. Hofstadter. Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid.

iso-paper-a4a3

Because of its aesthetic qualities, embodied in its unique ability to relate the parts to whole, golden ratios are used in the design of many modern household items, from coffeepots, cassette tapes, playing cars, pens, radios, books, bicycles, and computers screens, to tables, chairs, windows and doorways. It even comes into literature, in the page layout of medieval manuscripts and as the small winged Golden Snitch in the Harry Potter stories.

Other important rectangles also find their way into our daily lives. The continuous geometric proportion most perfectly expressed in the golden series is mimicked in the International Standard Paper Size (2), which employs the continuous geometric proportion of 2:√2::√2:1. Where as removing a square from a golden rectable produces another golden rectagle, folding a √2 rectangle in half produces two smaller √2 rectangles. Thus folding a sheet of A3 (2:√2) in half, fives you two sheets of A4 (each √2:1).

Scott Olsen. The Golden Section: Nature’s Greatest Secret. 2006. La proporción dorada es la base de un patrón que se repite tanto en la naturaleza (plantas, animales) como en cosas hechas por el hombre (pinturas, edificios, tamaños de papel). O también: la espiral perfecta. Fibonacci lo destajó en números, y Leonardo Da Vinci lo ilustraba bajo la menor provocación.