Este sábado salí a vagar por el centro de Monterrey en busca de graffiti y algún otro tesoro cotidiano. Cerca de la avenida Pino Suárez me encontré el primero: una caja de dulces entreabierta, con algunos ’salvavidas’ tirados en el suelo, M&Ms y otras cosas.

Era como si un minihuracán hubiera pasado por encima de la confitería, aunque había decidido no comérsela toda. Estuve tentada a llevarme algo cerrado, sí, pero me resistí. Si el dueño de los dulces se había aguantado era por algo. Y además, todavía creo en la salubridad.
Anyways, hoy miércoles que andaba vagando por la Internet, leí en Regioblogs acerca del ladrón que los batos de Colegio Civil raparon, pintarrajearon y dejaron desnudo. Vandalismo humano. Dice Iván que hasta le pintaron cuadritos en la panza con un plumón. Me entretuvo el morbo en la noticia -y del video- porque el bato que atacaron estuvo dando vueltas frente a las cámaras un buen rato, esas ondas de los medios que le dan vuelo a la humillación.
Pero fue más divertido cuando escuché qué había robado: una caja de dulces. ¿A unas 5 cuadras de donde yo me encontré la mía? Yo creo que por andar de vaga encontré un tesoro y también encontré al ladrón.