Bromas por la noche

Adrián juraba y me juraba que estaba ahí. Que como un sueño tenía sus necesidades, entre ellas, que le abriera la puerta del departamento para poder salir. No, no, no, esto se va a ver muy mal cuando despierte, pensé. Qué pena que un sueño te diga qué hacer. Y Adrián se puso necio, todo un fantasmita con actitud. Dejó de ser transparente a propósito para que le creyera. Hasta ganó unos kilitos de más como en la vida real. Point taken, bajé mis dos pies de la cama y me paré. No había nadie. Las voces, en mi cabeza. 5:17am, en mi cuarto solo éramos yo y esta vergonzosa sensación de haber sido sonambullyada.

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