Alaska-Siberia

Alaska-Siberia

Antes de que comenzaran a subir a las barcas, el líder cambió de opinión. Reunió a la tribu, los alejó del gran mar y los llevó a un paraje cercano con un río de cauce lleno. Se sentaron al sol. El lugar era un paraíso accidental a la orilla de la esperanza.

“No iremos a ningún lado”, dijo, y las caras se llenaron de sombras. Habían recorrido miles de días en pasos para llegar hasta ese punto.

El líder tomó un par de semillas y las planto cerca del río, en un plano donde el sol pegaba de frente. Trató de resonar como imaginaba que hablaban los dioses, de comunicar eso que le era tan claro como la tierra por debajo del reflejo del agua: “Si crecemos lo suficiente, un día llegará una barca negra como las piedras más duras, más grande y más rápida que todo lo que hemos hecho. Otros nos sacarán de la tierra y nos tomarán como sus padres.”

Su tribu entendió aunque las palabras no eran precisas. Qué difícil era tratar de explicar que uno no encalla en la vida, sino que ésta llega como un tren de vías que se esparcen infinitamente hasta donde uno queda estacionado. Aunque sea dos, tres, cuatro civilizaciones después.

— Minicuento a raíz de esta noticia. Fotografía de George M. Groutas.

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5 Responses to Alaska-Siberia

  1. Nora Marisa says:

    Ahora quiero subirme al tren. ¿Has leído “El libro del silencio”, de Ricardo Chávez Castañeda?

  2. issa says:

    No lo he leído. ¿De qué va? ¿Dónde lo consigo?

  3. Gabriela says:

    Tal vez le pareció difícil explicar, pero fue lo suficientemente claro como para que su gente lo entendiera.

  4. Nora Marisa says:

    Tiene ambiente y tono similares. Seguro lo consiges en Gandhi. Está en Alfaguara.

  5. Jaime Garza says:

    Muy bello texto Issa.

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