Daño colateral

Con tanta inseguridad por estos rumbos del país, lo primero que debe hacer un enfermo terminal, responsable y patriota, es programar su agonía. Calcular bien los retortijones, imponerle un orden marcial al desfile de fiebres y dolores.

No lo tome a mal, porque maldad ya hay mucha, es sólo por su propio bien y el de tantos inocentes. No sienta como algo personal si un hermano, primo o amante le niega el favor de venir y acercarlo al hospital en medio de la ciudad copada. ¡Exponer a terceros a narcobloqueos y ráfagas del ejército sólo porque se le atoró un gas en el yeyuno!
Por favor, evítenos la pena de incluirlo en las estadísticas del daño colateral. No sea usted insensato. Aguántese ahora que la madre República está en vilo. Planifíquese los achaques del VIH para que no venga nomás a usurpar un rincón, un botellón de suero, una enfermera, un médico, a los caídos en acción.

De los días de la lucha contra el sida, de aquellas sus glorias y del guaraguara de los derechos humanos, no queda más que una notita al calce de la historia. Y como la historia la hacen los valientes, llámense zetas, chapos, maras, sardos, marinos y chotas juarenses, puro macho braga’o: una sola gota de su preciosa sangre vale por lejos las primeras planas de cien cobardes como usted.

Cae la noche y empieza el toque de queda. Qué alivio, ya se aleja el familiar tableteo de las AK47. Parece que ya pasó lo peor. Se escucha el ulular de las sirenas pero no se haga ilusiones, no vienen por usted. De los helicópteros ni soñar, si despeinan los enjutos árboles del parque y echan en corrida a los perros vagabundos, es que buscan al masiosare ese extraño enemigo, el vecino de al lado, dicen que un primo de él fue levantado y luego apareció descuartizado en la autopista a Nuevo Laredo, y afirman que si eso le pasó es que seguro andaba mal. ¿Que el chavo era estudiante de excelencia del Tec de Monterrey? Usted créale a la parte oficial, jamás al Masiosare.

¿Para qué arriesgar los cuarenta kilos que el sida le ha dejado en pellejos y huesos? ¿Verdad que es mucho más cómodo quedarse así arropadito, castañeando los dientes, tiritando por el calenturón de la neumonía, escupiendo sangre? No tema cuando escuche que el presidente ha solicitado más dinero para Su guerra, con ese buen cuete lo único que quiere es celebrar las fiestas del Bicentenario.

— Joaquín Hurtado. Parte de su columna Crónica Sero, publicada en La Jornada.

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One Response to Daño colateral

  1. Gabriela says:

    Un toque de buen sarcasmo para abordar un tema tan difícil como el de la violencia.

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