Viaje a Chile (y más lejos)

andesBernardo invocó este texto antes de que considerara hacerlo. Antes de tomar su avión me dijo tienes que escribirlo, sabiendo que le sacaría la vuelta a recapitular la experiencia o explicar cómo terminé en Chile compartiendo tiempo con personas que nunca había visto.

No hay forma en que pueda sonar normal que Bernardo es uno de mis tantos compañeros de Global Voices, con quienes me sumergí en una voz anónima de una comunidad que llevaba 5 años abogando por la libertad de los medios electrónicos ciudadanos a través de artículos, coberturas, conexiones y correos grupales. En un principio el lazo me pareció tenue, como quien desconfía de cualquier gran empresa de la que uno no conoce a detalle los planos. Pero, como cualquier cosa que se comparte y se desenvuelve en Internet, se amplificó y se convirtió en una bola de nieve de amistades y marcos culturales. Santiago me fue eco de la Ciudad de México, con su arquitectura de los 70 y 80, sus altos edificios rítmicos de departamentos (quebrados siempre al tope con ropa sucia colgada o cortinas de algún estampado ridículo), su centro caminable y comercial, su carterismo inevitable. Lo poco que conocí apenas si me da un mosaico de algo que no acabé de encuadrar en un panorama completo: el olor a pescado de los mercados urbanos, los ahora agrietados museos por culpa del reciente terremoto, la Estación Central de la que hablaban Los Prisioneros en “Tren al Sur“, el arte callejero que invade desde la periferia hasta el centro, librerías en cada esquina como si fueran farmacias, librerías de libros usados con mayor variedad que las de nuevos de mi ciudad, la adopción del pisco peruano y el inevitable vino de mesa (barato para el turista), y la rara combinación de un pueblo sobreprotegido por una muralla de montañas (en donde el sol se las arregló para salir cuando yo las sobrevolaba) pero igualmente arrojado al mar, que se encontraba a unas pocas horas de la ciudad, lo suficiente como para afectar su comida de todos los días.

En la Biblioteca Nacional de Santiago llenamos todas las salas y todos los asientos. A algunos los había leído antes, con otros platicaba regularmente por IM, otros se acercaron para decirme que me habían leído. De repente alguno decía algo de mi ciudad que, para estos buenos viajeros, en algún momento había sido estancia de paso. Mis maletas se me quedaron en Miami un par de días; yo estaba en otro país pero no tenía miedo. Extraño, como un año de trabajo activo sumido en una sola semana, nos aceleramos en cientos de voces para condensarnos en cuatro días de convivencia y en el a veces ansioso viaje (para mí, de 20 horas) hacia eso que no tenía forma pero que ya teníamos claro en palabras.

Para mí, la cumbre de Global Voices no fue la cima sino el principio de todo. No podía esperar menos, pero ciertamente no esperaba tanto. Quiero ser como Firuzeh, de Puerto Rico, y haré lo posible por hacerlo. Después de tantos meses, finalmente me pude tomar unas cervezas con Eddie, de Bolivia/EUA, y hablamos y chismeamos acerca de nada, como sucede con los amigos de largo tiempo. Bernardo, de Italia, dice que debo de viajar más, porque cuando esté más grande no importa qué tanto haga ya no será divertido. Aprendí un juego de manos a tres tiempos con Cati, de Colombia, aunque parte de la canción ya la he olvidado. Víctor y Deo, de Malaui y Tanzania, fueron la amabilidad andando, frescura que dudo haber conocido antes. Me quedé con algo de la curiosidad de Tarek, la tenacidad de Gabriela, la familiaridad fiestera de Juan, la buena voluntad de Diego, el frenetismo de John y la transparencia radiante de David y Solana. Y todos los que me faltan pero que no olvido.

No sé qué soy después de conocer tanta excepción, tanto grano pulido. Sigo queriendo estar donde estoy, pero ahora también sé que puedo estar en todos lados. Me siento verde en la prosperidad que Global Voices me comparte y no puedo más que agradecer escribiéndolo aquí, uno de los tantos espacios que se encargan de cuidar.

gvo

This entry was posted in living, travel. Bookmark the permalink.

6 Responses to Viaje a Chile (y más lejos)

  1. Gabriela says:

    Para mí, el viaje a Santiago fue una de las mejores experiencias de mi vida. Nunca me había sentido parte de un conjunto tan rico, tan distinto, tan diverso, tan buena onda. Lo que más me gustó fue esa sensación general de reencuentro, y eso que de todos los asistentes solamente conocía personalmente a dos.
    Lo he dicho más de una vez: cuando escribí ofreciéndome como traductora voluntaria, jamás imaginé que encontraría un pequeño cosmos dentro del enorme mundo. Cosmos en el que me siento en casa.
    A mí me encantó (por fin) conocerte personalmente.
    Saludos desde Lima.

  2. P says:

    La gente verde siempre te ayuda a crecer.
    Me da mucho gusto que hayas tenido tan buenas experiencias, te mereces eso y mucho más. Ahora sabes que puedes ir a donde quieras, seguro también hiciste crecer a otros.
    Saludos.

  3. Tarek says:

    Me gusta mucho conocerte personalmente Issa. Para mi, me gusta las paises quando saber gente interesente de las. Y porque ahora – despues de le GV2010 – tengo ganas de ir a muchas logares y “for sure Mexico is on to of my list”. Hasta la proxima vez que vamos a “meet”.
    Ciao

  4. QM says:

    Que grán experiencia Issa, enhorabuena. Sólo de leerlo me emociona. Muchas felicidades a GV y sus ciudadanos del mundo.
    Sigan adelante!

  5. catirestrepo says:

    Una nostalgia infinita es la que permite respirar tu post. Leerlo trae una cantidad de imágenes a la mente ante las cuales solo se puede sentir gratitud.

    Y si, más que comprobado que se puede estar en todos los lados, en los lados que uno quiera, con los corazones que uno quiera.

    Saludos,

    Cati.

  6. catirestrepo says:

    Por cierto: Acá encuentras la retahíla de “Don Pepito Bandolero”: http://www.1de3.com/2008/12/14/retahilas-4/

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *