Lenguaje adulto

Tomo prestada una anécdota del blog de Julio Pesina llamado Pesinismo. Goes like this:

Nayma, mi sobrina, que ahora tiene cinco años, hace dos o un poco más también llamaba Tota a la Coca Cola. Y como el poeta, su otro tío, es decir mi hermano, quiso hablar el idioma de los niños obteniendo resultados similares. La situación se desarrolló en los siguientes términos:
—Dame Tota —exigió Nayma.
—También yo quiero Tota —dijo entonces mi hermano. A lo que la pequeña reaccionó:
—¡Ja! Mi tío no puede decir “Tota”.
Es evidente que cuando Nayma pronunciaba “T” en realidad estaba pensando en “C”, “K” o “Q”. Vistas así las cosas, no sorprende que el día que cumplía tres años, luego que a mí se me ocurriera regalarle una gorra con dibujos de Pucca, el personaje de la serie animada que le encanta, ella dijera lo que dijo:
“¡Un sobero de Puta!”, exclamó antes de salir corriendo a donde su mamá estaba chismorreando con algunas amigas.
—Mami, mami. Mira lo que me dio mi padrino.
La mamá no le prestó mayor atención.
—¿Me regalas ropita de Puta?
—¿Eh?
—Una falda y una blusa de Puta.
Mi hermana le dio una palmadita en la espalda antes de contestar:
—Luego que crezcas un poco.

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