Don’t sleep around. Don’t publish around. No le andes dando tu virgindad a quien sea, porque luego no vas a encontrar buen marido. Los hombres decentes quieren mujeres vírgenes. Las revistas decentes quieren poemas vírgenes. Y esto es una cosa que me paraliza de veras. Vivo por compartir, de manera instantánea e inmediata, lo que siento, pienso, imagino, sueño. Vivo por comunicar, a dos vías. Por eso me gusta tocar en vivo. La música está viva, se comparte, no hay línea entre espectador y performador, es una experiencia común. No entiendo, de verdad no entiendo esta política editorial. Quizá es sólo las revistas de aquí, país de casposos cerdos capitalistas. Pero también opera por ejemplo en los concursos de poesía en México. Es como si una disquera no aceptara nunca canciones que hayan sido tocadas en vivo. ¿No sería eso inconcebible? De alguna manera, el músico tiene que tocar su canción muchas veces, lograrse un público y una fama, antes de que una disquera lo acepte. Está claro que la música y la escritura son muy diferentes, pero en parte no lo son tanto. Las dos requieren, dependen del espectador para existir. Si no, sólo son palabras en un papel en el relleno sanitario, frecuencias en un disco compacto roto, en el relleno sanitario.

Del blogo de Jane, que hoy cumple 5 años de exhibicionismo incurable y de alimentarme con cotidianismos que se han vuelto un modus deseadus en un latín imposible.