por Issa Villarreal
Publicado originalmente en La Rocka.
Desde hace 20 años el festival South by Southwest (SXSW) cae a borbotones sobre la ciudad de Austin, Texas: las bandas, las calles, las modas, las sorpresas, los freaks, las bicicletas y los hotdogs con sabor a jalapeño. Aunque no tiene la fama y el calor de Coachella, es una de las fiestas masivas en Estados Unidos más esperadas porque reúne cientos de eventos de tres áreas: música, cine y tecnología.
La edición de este año del SXSW ocurrió del 7 al 16 marzo, con el comienzo de la sección de música el miércoles 12. ¿Qué tuvo de interesante? Reunió a más de mil 300 artistas en conciertos, exposiciones, conferencias y fiestas, incluyendo a 21 bandas mexicanas entre su arsenal.
La batuta la tuvo Lou Reed. El veterano rockero y líder de The Velvet Underground –con su carácter fuerte y regañando al público– dio una conferencia magistral en el Austin Convention Center donde acuñó la frase del evento: “Tengo una licenciatura en Drogas. Pero tengo un doctorado en Alma”. Además, el rockero fue víctima de un tributo por Moby, Thurston Moore (Sonic Youth), My Morning Jacket y Yo La Tengo; y durante el festival se presentó el filme Lou Reed’s Berlin (2007), un concierto en vivo de su trágico álbum de 1973.
Entre los conciertos destacados del SXSW del 2008 estuvieron los de R.E.M. (quienes regresaron con nuevo disco), Roky Erickson (miembro de los 13th Floor Elevators, padres del rock psicodélico), Vampire Weekend (nombrados como la banda del año por la revista Spin), The Breeders (con el único show que dieron en Texas), Kimya Dawson (de moda porque usaron su música en la película Juno), y N.E.R.D. (donde tocan los famosos productores The Neptunes).
Además de las grandes figuras, el otro festín para el público fue la parvada de bandas independientes (indie) de distintos países, ávidas por tocar y pescar algo del público en la capital de la música en vivo. Entre ellas fueron invitadas 7 bandas independientes regiomontanas al SXSW: Panda, Los Llamarada, Niña, Álbum, Bam Bam, Mockinpott y 60 Tigres, las primeras dos con cuatro tocadas durante el festival.
Mantén a Austin con música
A grandes rasgos esos fueron los platillos principales en el South by Southwest. Pero la verdad es que lo hace especial tiene que ver con las calles. A diferencia de los festivales que ocurren en parques o estadios, éste envuelve todo el centro (“el downtown”) de Austin.
La vía principal es la 6th street, una calle peatonal equivalente a nuestra calle Diego de Montemayor en el Barrio Antiguo pero más ancha y ligeramente en subida, que cierra el tránsito que viene de la Interestatal 35. Alrededor de esta calle, en un espacio de tan sólo 20 por 20 cuadras, hay más de 60 escenarios en antros, bares, billares, hoteles, centros de convenciones y galerías. A partir de las 8 durante las noches del SXSW, todos abren con decenas de fiestas simultáneas para relamerse los oídos.
Es en esos momentos cuando sobre las calles rectas de Austin brota el caudaloso público que llegó al sur en parte por coincidir con el “spring break” de las escuelas estadounidenses. El lema de la ciudad “Keep Austin weird” (“Mantén raro a Austin”) se lo gana a pulso: miles de chicos despeinados, chicas en minifaldas y minishorts, bandas de rock tocando encima de camiones y camionetas, hippies en estampados kitsch y freaks en patineta, hitchhikers, rockeros de barba extrema, guitarras acústicas en cada esquina, raperos regalando su demo, flyers, pósters, revistas, servilletas, basura tapizando cada parche de asfalto. Y los turistas. Y el grupo coreano de percusiones que ofrece su show entre la gente. Y los chicos que te llevaban como taxis pero en bicicleta. Y el olor a sudor y a tarolas de batería. Y los mismos artistas, como Saul Williams (poeta y artista de hiphop) y Will Sheff (líder de Okkervil River), caminando tranquilos por la mitad de la calle.
La mayoría son jóvenes. La mayoría están en una banda (como casi todos en Austin). Hicieron filas de 20 personas para poder comer pizzas y hotdogs, y ahorrar el resto para las cervezas. Comieron rápido, parados, para entrar a la mayor cantidad de conciertos posibles, a veces la mitad de uno y luego la última canción del otro. Y también estaban los que se quedaban afuera. Las conferencias, como la de Lou Reed, o los conciertos de Billy Bragg y The Slits dentro del Austin Convention Center, estaban abiertos sólo para artistas registrados al festival.
Muchos conciertos requerían pagar una entrada de entre 10 y 15 dólares, un precio aceptable para ver tocar a tres o más bandas. Los fanáticos de los conciertos, como quien escribe este artículo, bien podían adquirir una pulsera (“wristband”, con un costo de 1,600 pesos más o menos) que permitía entrar a los eventos oficiales del SXSW en lugar de andar pagando por cada lugar.
Sí, no suena tan barato. Pero es ahí donde vemos la otra cara importante de la bacanal austinista: los eventos gratuitos. Por ejemplo, el evento Mess With Texas 2 que sucedió en el gran parque desnivelado Waterloo tuvo tres escenarios durante un día completo con artistas como The Breeders y Kimya Dawson, además de comediantes como Janeane Garofalo y Human Giant. O también la fiesta I heart comix vs. Mad Decent que ofreció barra libre con música electrónica y albercas: Diplo, Cut Copy y un dj set por Simian Mobile Disco, y más de 10 artistas.
Eso y todas las tocadas en las tiendas de discos, en las esquinas y las tardeadas en parques y museos. Con un mapa de las calles rectas del centro, un buen artículo con recomendaciones de The Austin Chronicle, una agenda de eventos bajada de Internet, y los chismes de los austinistas bien podías aventarte lo mejorcito del festival sin gastar dinero más que en tu comida.
Aún así, el “downtown” de Austin pareciera estar hecho para escuchar música sin importar el precio. Está el antro Maggie Mae’s, cuyo sonido fluye hasta la banqueta por su escenario abierto en un segundo piso. Está el BD Riley’s y el Hi-Lo, ambos con los escenarios en una esquina con ventanas abiertas hacia la calle, para que puedas escuchar desde afuera si no quieres pagar. Y está ese espacio sobre la 6th street que no es un antro ni un bar sino un lote vacío con una reja, donde una banda toca y los paseantes los miran desde la calle como si estuvieran enjaulados.
¿El festival en la ciudad o la ciudad en el festival? Las calles de Austin todavía están llenas. Coachella ni para qué.




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