Escuchando a: Tony True and The Tijuana Tres

El tipo de cosas que me tengo que tomar en serio. Porque Tony True and The Tijuana Tres invierten en ponerse un saquito y una corbatita y escoger un nombre interesante para la banda y lanzar una idea bien trabajada: que son un grupo folk/alt-country que salió repentinamente del Monterrey de todos los días. Con guitarras acústicas y armónicas y todo. Bueno, habría que apuntar que se describen como folk pop, pero tienen lo alt-country bastante fuerte. Sus canciones son pequeñas cápsulas de éxitos, ya pulidas; sólo pecan de tener letras romanticonas y genéricas (pero eso, sabemos, es un vicio arraigado en las bandas mexicanas). Trato de hacer un esfuerzo y los anteriores grupos folk regiomontanos que recuerdo con cariño (Abeja, Mongosaurio, Alexico) habían destacado, entre otras cosas, por tener buenas letras, por estar bien despiertos.

A estos chicos me tocó verlos en el Nodriza el año pasado y fueron un buche de aire fresco. Más aún cuando el EP “TTTT”, que lanzaron hace un año y está disponible en Bandcamp, es una cosa completa y redonda, y eso es un gran logro. Mi favorita es “Llover”, y me lo puedo recetar al lado de los primeros discos de Wilco, de Feist cuando está feliz, o lo más campirano de Bright Eyes/Conor Oberst. Deseo personal: ojalá algún día encausen la desesperación de vivir en el desierto mexa —igual de aburrido, imagino, que el de Arizona, o el de Nuevo México, o el de Oklahoma— y canalicen algo más, toquen nuevos fondos, se suelten y se diviertan, se dejen caer con todo. Que sean más Tijuana y menos todo lo demás.

El truco

—No hemos hecho nada más que envejecer un poco, seguir contando los mismos chistes, pensar en las mismas cosas, suspirar por lo mismo. Año tras año, Hecht, seguimos igual, invariables, ni más listos ni mejores. Entre todos, en los últimos cincuenta años de nuestras vidas, no tuvimos ni un solo pensamiento original. Han descubierto el truco, el de [la escuela] Carne y el nuestro. Lo que había detrás de nuestros disfraces académicos, de nuestros chistes de aula, de nuestros modestos ofrecimientos de ser los consejeros de sus vidas. Y es por esa razón por lo que siguen viniendo aquí, año tras año de sus desorientadas vidas estériles, a contemplarnos fascinados, a usted y a mí, Hecht, como niños ante una tumba, con la esperanza de descubrir el secreto de la vida y la muerte. Oh, sí. Por lo menos eso sí lo aprendieron de nosotros.

— Un asesinato de calidad, John Le Carré.

Límites

‘ ‘Phobia of a big vagina.’ … ‘Deep.’ … This is awful. I can’t believe I’m typing this in.’’

‘‘Wait,’’ I said. ‘‘Deep’s not an issue. It’s wide.’’

‘‘Deep is an issue, hello!’’

‘‘Huh. Cause I feel like the — I always feel short-vaginaed.’’

Rihanna laughed. ‘‘Trust me, if they can’t feel the end, it’s like, Cannonball!’’

Cannonball meant sailing into space — into something never-ending, like the cosmos. Men like to know that there is an end to the woman they’re with, that she’s finite. It’s an impossible line to walk. You want to be global, but down to earth. In the moment but also one step ahead of it.

Miranda July entrevista a Rihanna.

El Sísifo de todos los días

“Ser amo de casa, en cambio, implica asumir de entrada la absoluta fragilidad de los trabajos humanos, el carácter efímero de cualquier logro: lo que cocinas se digiere (con los consabidos resultados), lo que limpias se ensucia al día siguiente, lo que arreglas se descompone. El puro reino de Sísifo. Es como si, cuando era editor, las erratas se hubiesen regenerado durante la noche; como si mi vida hubiese consistido en despertar cada mañana con la tarea de escribir otra vez el mismo texto de contraportada.”

“Vindicación de la friega”, de Daniel Saldaña París.