Anotar el mundo

(…) la conclusión a la que llega Butler, tras apostillar una frase de su autoría, puede describir la belleza de una herramienta de estas características: “Oh, yo dije esas palabras, pero ya no estoy segura de lo que significan. Así que me he convertido en una extraña para mí misma cinco años después.”

— Artículo de mi querida Ely en Letras Libres sobre Genius y la tradición medieval de anotar el mundo.

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Lo que nos contamos

“…a pesar de que soy yo quien decide en la historia llega un momento en que ya no tengo fuerzas y ni siquiera ganas de hacer durar algo que después del placer empieza a resbalar a la insignificancia, ahí donde habría que inventar alternativas o inesperados incidentes para que la historia siguiera viva en vez de irme llevando al sueño con un último beso distraído o un resto de llanto casi inútil”.

— Cortázar, sobre las historias que nos contamos

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“Cada día es más difícil no caer en el juego de las ofertas off.

¿Cuál fue la última buena noticia? He leído en un enorme billboard que el fin del mundo se acerca (hasta fecha dan) y que ya no hay nada por hacer. Pero ése no es el problema sino la híper violencia en la que vivimos: cada día me despierto con un muerto más y otros sin enterarse de la situación. Escucho los gritos por la tv, no creo lo que veo: la city está manchada de rojo y krylon. No hay pasión ni compromiso en el futuro, el sueño invade las alturas, el plomo al suelo y la doña de enfrente se asusta con la decadencia de estos años sin saber que forma parte de nuestra histeria. Los días caen y revientan, busco mi horóscopo en la página social.

¿Cuál es tu signo? El mío es desesperación.”

— Primer fragmento de “Signos” de Rafa Saavedra. Tomado de Esto no es una salida: Postcards de odio y odio. No sé cómo le hizo, pero fue fiel a su época y adelantado a su época. Rey de la nostalgia, del presente y del futuro.

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Historias de pueblo chico

 

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*Actualizado: Abril 25.

Este cómic de Tom Gauld publicado en octubre me cae como anillo al dedo después de mi binge-watching de series de detectives en pueblos pequeños. Es como una sección de TV Tropes ilustrada. Aquí lo que pienso, rápidamente.

Ejemplo de 1: Sarah Lund en Forbrydelsen. Todo el tiempo se está tratando de ir de Copenhagen (no tan chica pero no una metrópoli) y los crímenes no la dejan. Pierde el avión constantemente durante la primera temporada. En la tercera temporada vive en una casita en una bahía y la mandan traer de regreso.

Ejemplo de 2: Stella Gibson en The Fall. Llega a Belfast temporalmente a evaluar un caso y termina siendo la lead detective del mismo. Es la única que distingue los patrones del serial killer. También Elizabeth Moss en Top of the Lake, a quien constantemente le recuerdan “cómo son las cosas en los pueblos”. Y el personaje de David Tennant en Broadchurch, un detective que falló en otro caso y toma el del chico muerto “como penitencia”.

Ejemplo 3: La temporada 2 de Happy Valley. La trama de las chicas asesinadas y su desenlace. Los locales son los culpables, hay pocos sospechosos, el crimen se extiende hasta las afueras de la ciudad. Vaivén y descubrimientos a cuentagotas en un mundo cerrado que es el protagonista. Los detectives sólo interpretan lo que sucede pero no tienen agencia. Pero aún más preciso: Top of the Lake. Nussbaum habla de los parajes reflexivos y la cinematografía. La trama es la historia de esta chica/detective exiliada, de las mujeres que viajan a la ciudad para encontrar a un paraíso, de los chicos afectados que viven en ella. La historia es de la ciudad, sus parajes y el lago en una ciudad ficticia de Nueva Zelanda el escenario. La importancia del espacio me recuerda un poco a las ciudades ficticias de Lovecraft y de Faulkner. De manera similar, True Detective y la desolación de Louisiana.

Ejemplo 4: La temporada 1 de Happy Valley. No quiero pensar en Romeo y Julieta como “true love” (para mí es solo calentura). Pero si lo tomamos como una relación de sangre y de mucho afecto* como el de unos padres con el de una hija, o el de una abuela y su nieto, Happy Valley queda en este punto. Dos criminales, cada uno por su lado, provocan que vivir en una “familia normal” sea imposible. Uno movido por la psicopatía y el otro por querer hacer lana. Son dos familias “regulares” las afectadas, dos familias que cambian su relación al interior por estas intervenciones de gente normal y conocida con intereses egoístas.
* El mismo twist de Frozen, ya sé.

Ejemplo 5: Gravity Falls. The Mist. Shaun of the dead. World’s End y los bares de Newton Haven, etc. etc. Hay muchísimos ejemplos de esta última.

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Mujeres de verdad

‘The Fall’ (which is available on Netflix) has even more conventional nudity than ‘True Detective.’ It, too, tells a story about a team of detectives hunting for a rapist-murderer obsessed with symbolism. It features pervy stalker shots, along with sick-making imagery of female corpses, in bondage, photographed as keepsakes. Some critics called the show ‘misogynistic torture porn’: by turning viewers on, they point out, it takes a rapist’s-eye view. But this imagery has a sharp purpose. The show reveals the murderer immediately, forcing us to see the world through his eyes. Then, episode by episode, it tears that identification apart. Just like Rust Cohle, ‘The Fall’’s rapist has an elaborate pseudo-intellectual lingo, full of Nietzsche quotes and talk of primal impulses. But an icy female cop, played by Gillian Anderson, sees through him—and, in the finale, she shreds his pretensions with one smart speech. Anderson aside, ‘The Fall’ overflows with complex female characters, and not merely the killer’s victims but their families, the murderer’s wife, his daughter, and his mistress. Beautiful as ‘The Fall’ looks, it’s harder to watch than ‘True Detective,’ because there is a soul inside each body we ogle. When women suffer, their pain isn’t purely decorative.

Emily Nussbaum sobre The Fall, hace un par de años.

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