“Cada día es más difícil no caer en el juego de las ofertas off.

¿Cuál fue la última buena noticia? He leído en un enorme billboard que el fin del mundo se acerca (hasta fecha dan) y que ya no hay nada por hacer. Pero ése no es el problema sino la híper violencia en la que vivimos: cada día me despierto con un muerto más y otros sin enterarse de la situación. Escucho los gritos por la tv, no creo lo que veo: la city está manchada de rojo y krylon. No hay pasión ni compromiso en el futuro, el sueño invade las alturas, el plomo al suelo y la doña de enfrente se asusta con la decadencia de estos años sin saber que forma parte de nuestra histeria. Los días caen y revientan, busco mi horóscopo en la página social.

¿Cuál es tu signo? El mío es desesperación.”

— Primer fragmento de “Signos” de Rafa Saavedra. Tomado de Esto no es una salida: Postcars de odio y odio. No sé cómo le hizo, pero fue fiel a su época y adelantado a su época. Rey de la nostalgia, del presente y del futuro.

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Historias de pueblo chico

 

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*Actualizado: Abril 25.

Este cómic de Tom Gauld publicado en octubre me cae como anillo al dedo después de mi binge-watching de series de detectives en pueblos pequeños. Es como una sección de TV Tropes ilustrada. Aquí lo que pienso, rápidamente.

Ejemplo de 1: Sarah Lund en Forbrydelsen. Todo el tiempo se está tratando de ir de Copenhagen (no tan chica pero no una metrópoli) y los crímenes no la dejan. Pierde el avión constantemente durante la primera temporada. En la tercera temporada vive en una casita en una bahía y la mandan traer de regreso.

Ejemplo de 2: Stella Gibson en The Fall. Llega a Belfast temporalmente a evaluar un caso y termina siendo la lead detective del mismo. Es la única que distingue los patrones del serial killer. También Elizabeth Moss en Top of the Lake, a quien constantemente le recuerdan “cómo son las cosas en los pueblos”. Y el personaje de David Tennant en Broadchurch, un detective que falló en otro caso y toma el del chico muerto “como penitencia”.

Ejemplo 3: La temporada 2 de Happy Valley. La trama de las chicas asesinadas y su desenlace. Los locales son los culpables, hay pocos sospechosos, el crimen se extiende hasta las afueras de la ciudad. Vaivén y descubrimientos a cuentagotas en un mundo cerrado que es el protagonista. Los detectives sólo interpretan lo que sucede pero no tienen agencia. Pero aún más preciso: Top of the Lake. Nussbaum habla de los parajes reflexivos y la cinematografía. La trama es la historia de esta chica/detective exiliada, de las mujeres que viajan a la ciudad para encontrar a un paraíso, de los chicos afectados que viven en ella. La historia es de la ciudad, sus parajes y el lago en una ciudad ficticia de Nueva Zelanda el escenario. La importancia del espacio me recuerda un poco a las ciudades ficticias de Lovecraft y de Faulkner. De manera similar, True Detective y la desolación de Louisiana.

Ejemplo 4: La temporada 1 de Happy Valley. No quiero pensar en Romeo y Julieta como “true love” (para mí es solo calentura). Pero si lo tomamos como una relación de sangre y de mucho afecto* como el de unos padres con el de una hija, o el de una abuela y su nieto, Happy Valley queda en este punto. Dos criminales, cada uno por su lado, provocan que vivir en una “familia normal” sea imposible. Uno movido por la psicopatía y el otro por querer hacer lana. Son dos familias “regulares” las afectadas, dos familias que cambian su relación al interior por estas intervenciones de gente normal y conocida con intereses egoístas.
* El mismo twist de Frozen, ya sé.

Ejemplo 5: Gravity Falls. The Mist. Shaun of the dead. World’s End y los bares de Newton Haven, etc. etc. Hay muchísimos ejemplos de esta última.

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Mujeres de verdad

‘The Fall’ (which is available on Netflix) has even more conventional nudity than ‘True Detective.’ It, too, tells a story about a team of detectives hunting for a rapist-murderer obsessed with symbolism. It features pervy stalker shots, along with sick-making imagery of female corpses, in bondage, photographed as keepsakes. Some critics called the show ‘misogynistic torture porn’: by turning viewers on, they point out, it takes a rapist’s-eye view. But this imagery has a sharp purpose. The show reveals the murderer immediately, forcing us to see the world through his eyes. Then, episode by episode, it tears that identification apart. Just like Rust Cohle, ‘The Fall’’s rapist has an elaborate pseudo-intellectual lingo, full of Nietzsche quotes and talk of primal impulses. But an icy female cop, played by Gillian Anderson, sees through him—and, in the finale, she shreds his pretensions with one smart speech. Anderson aside, ‘The Fall’ overflows with complex female characters, and not merely the killer’s victims but their families, the murderer’s wife, his daughter, and his mistress. Beautiful as ‘The Fall’ looks, it’s harder to watch than ‘True Detective,’ because there is a soul inside each body we ogle. When women suffer, their pain isn’t purely decorative.

Emily Nussbaum sobre The Fall, hace un par de años.

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Escuchando a: Tony True and The Tijuana Tres

El tipo de cosas que me tengo que tomar en serio. Porque Tony True and The Tijuana Tres invierten en ponerse un saquito y una corbatita y escoger un nombre interesante para la banda y lanzar una idea bien trabajada: que son un grupo folk/alt-country que salió repentinamente del Monterrey de todos los días. Con guitarras acústicas y armónicas y todo. Bueno, habría que apuntar que se describen como folk pop, pero tienen lo alt-country bastante fuerte. Sus canciones son pequeñas cápsulas de éxitos, ya pulidas; sólo pecan de tener letras romanticonas y genéricas (pero eso, sabemos, es un vicio arraigado en las bandas mexicanas). Trato de hacer un esfuerzo y los anteriores grupos folk regiomontanos que recuerdo con cariño (Abeja, Mongosaurio, Alexico) habían destacado, entre otras cosas, por tener buenas letras, por estar bien despiertos.

A estos chicos me tocó verlos en el Nodriza el año pasado y fueron un buche de aire fresco. Más aún cuando el EP “TTTT”, que lanzaron hace un año y está disponible en Bandcamp, es una cosa completa y redonda, y eso es un gran logro. Mi favorita es “Llover”, y me lo puedo recetar al lado de los primeros discos de Wilco, de Feist cuando está feliz, o lo más campirano de Bright Eyes/Conor Oberst. Deseo personal: ojalá algún día encausen la desesperación de vivir en el desierto mexa —igual de aburrido, imagino, que el de Arizona, o el de Nuevo México, o el de Oklahoma— y canalicen algo más, toquen nuevos fondos, se suelten y se diviertan, se dejen caer con todo. Que sean más Tijuana y menos todo lo demás.

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El truco

—No hemos hecho nada más que envejecer un poco, seguir contando los mismos chistes, pensar en las mismas cosas, suspirar por lo mismo. Año tras año, Hecht, seguimos igual, invariables, ni más listos ni mejores. Entre todos, en los últimos cincuenta años de nuestras vidas, no tuvimos ni un solo pensamiento original. Han descubierto el truco, el de [la escuela] Carne y el nuestro. Lo que había detrás de nuestros disfraces académicos, de nuestros chistes de aula, de nuestros modestos ofrecimientos de ser los consejeros de sus vidas. Y es por esa razón por lo que siguen viniendo aquí, año tras año de sus desorientadas vidas estériles, a contemplarnos fascinados, a usted y a mí, Hecht, como niños ante una tumba, con la esperanza de descubrir el secreto de la vida y la muerte. Oh, sí. Por lo menos eso sí lo aprendieron de nosotros.

— Un asesinato de calidad, John Le Carré.

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