Renunciar es escoger
“A lo mejor hay dos mujeres en su vida y él no sabe escoger. Justamente así lo representa el dibujo: todavía rubio, entre las dos rivales, una que lo agarra por un hombro clavándoles unos ojos ávidos, la otra que lo roza con un lánguido movimiento de todo su cuerpo, mientras él no sabe para dónde mirar. Cada vez que se dispone a decidir cuál de las dos le conviene como esposa, se convence de que muy bien puede renunciar a la otra, y así se resigna a perder a ésta cada vez que comprende que prefiere a aquélla. En este vaivén de pensamientos el único punto firme es que puede prescindir tanto de una como de otra, porque en cada elección siempre hay un reverso, es decir, una renuncia, y así que no hay diferencia entre el acto de escoger y el acto de renunciar.”
— Italo Calvino, “La taberna de los destinos cruzados”, mientras escucho el nuevo de Daft Punk y todo se vuelve más cruel de lo normal.
Caballo y viento
Elena es ciega. Este caballo es un caballo. Desde el momento en que existe liberación por la velocidad y el viento, existe caballo. No llamo caballo a lo que tiene cuatro patas y produce cagajón, sino a lo que maldice el suelo y me aleja de él, a lo que me levanta y me obliga a no caer, a lo que me pisotearía hasta la muerte si cediera a la tentación del fango, a lo que me hace bailar el corazón y relinchar el estómago, a lo que me transporta a una velocidad tan frenética que tengo que cerrar los párpados con fuerza, ya que la luz más pura nunca deslumbrará tanto como la bofetada del aire.
Llamo caballo a ese irrepetible lugar en el que es posible perder todo anclaje, todo pensamiento, toda consciencia, toda idea de mañana, para convertirse sólo en un impulso, para ser únicamente algo que se despliega.
Llamo caballo a esa entrada en el infinito y llamo cabalgada desbocada al momento en el que me encuentro con las multitudes de mongoles, de tártaros, de sarracenos, de pieles rojas y otros hermanos de galope nacidos para ser jinetes, es decir: para ser.
Llamo cabalgada al espíritu que se precipita con la fuerza de sus cuatro herraduras, y sé que mi bicicleta tiene cuatro herraduras y que se precipita y que es un caballo.
Llamo jinete a aquel cuyo caballo le ha salvado del hundimiento, a aquel cuyo caballo le ha dado la libertad que le zumba en los oídos.
Ésa es la razón por la cual nunca un caballo ha merecido tanto el nombre de caballo como el mío.
Si Elena no fuera ciega, se daría cuenta de que esa bici es un caballo y me amaría.
— El sabotaje amoroso, Amélie Nothomb.
Crímenes futuros
—Y entonces —dijo—, ¿usted qué es?
—¿Qué? Desempeño el oficio de policía filósofo -dijo el del uniforme azul-. El oficio es a la vez más atrevido y más sutil que el de un detective vulgar. Este tiene que ir a las tabernas sospechosas para arrestar ladrones. Nosotros vamos a los tés artísticos para descubrir pesimistas. El detective vulgar, hojeando un libro mayor o un diario, adivina un crimen pasado. Nosotros, hojeando un libro de sonetos, adivinamos un crimen futuro. A nosotros nos toca remontar hasta el origen de esos temerosos pensamientos que conducen a los hombres al fanatismo intelectual y al crimen intelectual. Si llegamos a tiempo para evitar el asesinato de Hartlepool, se debe a que uno de los nuestros, un tal Wilks, un muchacho muy listo, logró comprender plenamente el sentido de un tresillo musical.
— El hombre que fue Jueves, de Chesterton.
Sin llave
Peter: Can you imagine, though, if he did kill Freddie, what that must be like? Just to wake up every morning. I mean, how can you? Just wake up and be a person? Drink your coffee?
Tom Ripley: Well, whatever you do, however terrible, however hurtful, it all makes sense, doesn’t it, in your head? You never meet anybody who thinks they’re a bad person
Peter: Well maybe, but you’re still tormented. You must be. You’ve killed someone.
Tom Ripley: Don’t you just take the past and put it in a room in the basement, and lock the door and never go in there? That’s what I do.
Peter: God, Yes. But, of course, in my case, it’s probably a whole building.
Tom Ripley: And then you meet someone special and all you want to do is toss them the key. Say “Open up. Step inside.” But you can’t, because it’s dark, and there are demons. And if anybody saw how ugly it is…
Peter: Now that’s the music talking.
Tom Ripley: I keep wanting to do that, Fling the door open. Just let the light in, clean everything out. If I could take a giant eraser and rub out everything, starting with myself. The thing is, Peter, if… if… , No.
Peter: No key, huh?
Y luego.
Peter: Sorry, I’m completely lost.
Tom Ripley: I know. I’m lost, too. I’m going to be stuck in the basement, aren’t I, that’s my, that’s my… terrible, and alone, and dark, and I’ve lied about who I am, and where I am, and now no-one will ever find me.
Peter: What do you mean… lied about who you are?
Tom Ripley: I always thought it’d be better to be a fake somebody than a real nobody.
Peter: What are you talking about? You’re not a nobody. That’s the last thing you are.
— Talented Mr Ripley (1999). Así es como empezamos a crear nuestros instructivos para ser rescatados.