Limpiando

En mi última tarde mundialista, me quedé atrapada en el pasillo de mi edificio. Las llaves están en el sillón, al alcance de un zarpazo, si no fuera por la pared entre nosotros. Mis manos apestando los desechos del gato -y toda la superficie del celular en el que escribo ahora-. El gato maúlla porque sabe que está por su cuenta y no quiere ser como uno de esos hijos que no volvieron a ver a sus padres cuando les dijeron que iban por cigarrillos. La batería acabándose. La puerta de seguridad haciendo su trabajo. El mensaje de auxilio enviado y contestado. El tiempo que falta para que me liberen. Y el otro mensaje que me llega por mi canal de preferencia, el de los subtextos: estaba tratando dejar la basura afuera, de limpiar la casa, y lo que terminé sacando fue a mí misma.

Posted in living | Leave a comment

En el futuro seremos más fáciles

YOU WOULDN’T HAVE LEFT ME IF WE LIVED IN THE FUTURE

There would have been self-cleaning dishes
and delicacies that floated, ready-made, into our mouths
after being printed at a single click.

These things have been prototyped already and will soon
be available in the mainstream market at a very low cost.
To think we were so close, that, had we met a handful of years after we did

you would still be here

 

— Un poema de Juana Adcock, publicado por este lado. Que por cierto su nuevo libro “Manca” me trató de hacer llorar varias veces.

Posted in living, words | Leave a comment

Las cosas que me pasan medio dormida

Me levantó un mensaje a las 7.30 am, cuando normalmente me despierto un poco después. Andaba sacada de onda —como cuando te rompen tu rutina— pero decidí no volverme a dormir. Salí a darle de comer al gato como siempre y, al levantar el plato, la mano se me llenó de hormigas. De las chiquitas, rojas, cagabolas. Todavía medio dormida reaccioné y le eché agua para lavarme las hormigas de encima, le limpié el plato, lo llené de nuevo, y fui a dejárselo, arrastrando los pies. Pero había olvidado que había tirado agua al suelo, me resbalé y caí sobre mi rodilla. Sobre mi rodilla. Ahí se me fue el sueño, finalmente, cuando en ese lapsus de dolor levanté la mirada al ventanal que está en mi departamento —que por su apertura y brillo y blancura ridícula que da estar en un segundo piso siempre me devuelve un poco el aire— y encontré a un albañil mirándome atento.
Mirándome medio dormida.
Mirándome en calzones.
Dice Carolina que todas las historias tienen dos lados. El mío de seguro es el de Brasil.

Posted in living | Leave a comment

El cielo es el límite

Es cierto que cada que viene Joserra a casa me emociono un poco, pero el sueño de ayer fue otra cosa. La noche en la carretera era densa como el humo de un tráiler y las luces naranjas y amarillas corrían jugando carreras. Había una tormenta de polvo. Levantaba árboles y ramas y mientras Joserra me hablaba de alguna cosa medianamente interesante vi pasar un barco antiguo. “ふね”, pensé, como reflejo de las clases. No teníamos más opción que buscar refugio pero la ciudad nos era extraña, extraña como Monclova o Saltillo, con las mismas cosas de siempre pero desordenadas, no como París o Berlín, donde el contenido de las cosas es diferente. Nos acercamos al complejo de departamentos, conectados por pasillos y túneles y cierto aire de barrios, y teníamos como obstáculo un montón de estudiantes foráneos. Nos invitaban a su fiesta; una niña dormía en un sillón sucio y se resbalaba por las orillas. Cuando pude abrirme paso encontré que mi departamento estaba cambiado, con tres o cuatro cuartos más, con tres o cuatro personas más. Las puertas ya no encajaban a las paredes, los marcos estaban sueltos, los muros estaban inclinados. Se había desencajado todo y las cucarachas habían encontrado una forma de entrar. No había forma de disculparme suficiente con Joserra. Además, las cosas afuera no iban mejor. Por la ventana veía que ya no había escombro en el aire pero las amenazas iban creciendo: dos nuevos barcos, con sus hélices al descubierto como torpedos del aire, subían en una perfecta diagonal a eclipsarse con el sol. Se movían lento, como pescaditos que nadaban hacia el centro de una gran piscina. Salí a la terraza y el cielo era más profundo. Con la luz del día, podía ver cada detalle: se había vuelto una membrana, una especie de órgano vivo, suave color carne, que ahora cercaba nuestra estancia en la tierra. Hacia el oeste, una ventosa -como una herida o una llaga- se abría y se conectaba con la del este, y formaban un canal electromagnético. El cielo trataba de chuparse a sí mismo entre rayos. This was it. Entré de nuevo al departamento y Joserra veía VH1. En la televisión sonaba “Space Oddity”. Esto era otro de sus videos, otro de sus trucos espaciales, y no había mucho por hacer.

Posted in dreaming | Leave a comment