No es normal

Una estudiante canadiense me preguntó si iba a casarme con Rinri.
—No tengo ni idea.
—Ve con cuidado. Estas uniones producen niños atroces.
—¿Qué dices? Los euroasiáticos son magníficos.
—Pero odiosos. Tengo una amiga que se ha casado con un japonés. Tiene dos hijos, seis y cuatro años. Llaman a su madre pipí y a su padre caca.
Me reí.
—Quizás tengan sus razones —dije.
—¿Cómo te puedes reír de algo así? ¿Y si te ocurriera a ti?
—No pienso tener hijos.
—Ah, ¿por qué? Eso no es normal.
Me marché tarareando mentalmente la canción de Brassens: «No, a la gente no le gusta que / uno tenga su propia fe».

Ni de Eva ni de Adán. Amélie Nothomb.

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