The time may come, when nothing will succeed,
But what a previous patent hath decreed,
We must open, on some future day,
The door of nature with a patent key.
Poema a las patentes, publicado en The London Magazine en 1776. Vol. XLV. Disponible en Google Books. Desde entonces sabían que la propiedad intelectual llegaría a sobrepasarse, a declarar de uno lo que es de todos.
No hemos de apresurarnos demasiado en idealizar la situación de los escritores de Londres en el siglo XVIII. Un grupo de ellos, conocidos colectivamente como «Grub street» por la zona de Londres donde vivían, se esforzaban para no gastar más de lo que que ganaban, como antes los grupos de Amsterdam y Venecia. Lo mismo que en Amsterdam, este grupo incluía una cantidad de protestantes franceses emigrados y particularmente activos en el periodismo. Incluso para los más exitosos, la nueva libertad tenía su precio. [Dr.] Johnson probablemente habría preferido escribir sus libros que compilar un diccionario, y [Alexander] Pope trabajar en sus poemas a traducir a Homero. [David] Hume escribió sobre historia porque venía mejor que la filosofía, y si regresara a la Tierra y consultara el catálogo de la Biblioteca Británica, probablemente se ofendería al verse mencionado como «David Hume, historiador».
– Briggs, Asa y Peter Burke. De Gutenberg a Internet: Una historia social de los medios de comunicación. Taurus, 2006. p. 75.
En mi último día en la Expo Feria Guadalupe 2009, me subí al juego más hardcore de todos: se llama Chaos. No sólo me impresionó el recorrido -que te tira de unos tantos metros de alto de cabeza, como una especie de tortura medieval- sino que tuve mala suerte: me dejaron dando vueltas durante 10 minutos, lo que parece ser el equivalente a tres recorridos enteros. No pude sino seleccionar una canción de soundtrack que representara mi tormento. Lo que escuchan es Stem/Long Stem de DJ Shadow [chaos edit].
Don’t sleep around. Don’t publish around. No le andes dando tu virgindad a quien sea, porque luego no vas a encontrar buen marido. Los hombres decentes quieren mujeres vírgenes. Las revistas decentes quieren poemas vírgenes. Y esto es una cosa que me paraliza de veras. Vivo por compartir, de manera instantánea e inmediata, lo que siento, pienso, imagino, sueño. Vivo por comunicar, a dos vías. Por eso me gusta tocar en vivo. La música está viva, se comparte, no hay línea entre espectador y performador, es una experiencia común. No entiendo, de verdad no entiendo esta política editorial. Quizá es sólo las revistas de aquí, país de casposos cerdos capitalistas. Pero también opera por ejemplo en los concursos de poesía en México. Es como si una disquera no aceptara nunca canciones que hayan sido tocadas en vivo. ¿No sería eso inconcebible? De alguna manera, el músico tiene que tocar su canción muchas veces, lograrse un público y una fama, antes de que una disquera lo acepte. Está claro que la música y la escritura son muy diferentes, pero en parte no lo son tanto. Las dos requieren, dependen del espectador para existir. Si no, sólo son palabras en un papel en el relleno sanitario, frecuencias en un disco compacto roto, en el relleno sanitario.
– Del blogo de Jane, que hoy cumple 5 años de exhibicionismo incurable y de alimentarme con cotidianismos que se han vuelto un modus deseadus en un latín imposible.